viernes, 14 de octubre de 2011

PEQUEÑO PRINCIPE

A continuación presento un bello cuento de Juan Carlos Chimal, debes acostumbrarte a leer y a extraer información de manera rápida, vigila tu tiempo.

Lea cuidadosamente y responda las preguntas que se formulan. Sólo una de las respuestas es la correcta.
Tienes 10 minutos para resolver las preguntas, tómate el tiempo y sé muy estricto/ estricta contigo mismo/misma, te sugiero que revises primero los reactivos y que después hagas la lectura.

Pequeño príncipe

(1)
Heme aquí, en un rincón frío y oscuro de esta casona abandonada, entre la esquina que forman las dos tapias que han ido lentamente descarapelándose ante la persistente pátina del tiempo. La ventana por la que antes entraba la claridad del día ahora permanece tapiada con anchos y rollizos tablones de madera que impiden cualquier acceso del sol. Sólo, por entre la leve hendidura que quedó, veo colarse a diario en forma vertical el haz luminoso que rasga el velo de sombras y recorre la superficie del piso, para después irse, dejándolo todo otra vez en penumbras. Cuando llueve, oigo y huelo la lluvia desde aquí adentro. Su siseo milenario tabletea en las baldosas del techo, arrullándome sobre el vaivén de los recuerdos de aquellas tardes lejanas y felices de mi infancia. Entonces es cuando se agrava mi tristeza y todo en mi alrededor se torna taciturno y melancólico.

(2)
Yo quisiera, como antes de que me trajeran aquí, sentir la lluvia resbalar por las vertientes de mis tallos y absorber con mis hojas la energía revitalizante del sol que resplandece vigoroso en los burdos peñascos de los montes. Anteayer, cuando vino Dominga, la mujer de Nicolás, el jardinero, a cambiarme el agua, volví a crecer aún más. Ya es tal la altura que he ganado, que mi follaje de enredadera ha comenzado a enarcarse al sentir el arribo del techo. Antes me tenían sembrado en el jardín junto a dos rosales que floreaban hermosas rosas encendidas, y en donde me asía enredándome en el espiral del tronco bizarro de un ahuehuete que tienta por las noches las estrellas con sus ramas. Después me trasplantaron aquí, a la panza de una regordeta maceta de barro cocido, y entre el tamo blando de la arcilla húmeda que guarda mis huesos, que los años han ido desmenuzando en un montoncito de ceniza que por las noches emana fosforescencia. Sólo queda, del que fui yo un día y enterrado hasta lo hondo de esta olla, el vestigio del cráneo roto y enmohecido donde anidan mis raíces.

(3)
Muy de vez en cuando Dominga viene a platicar conmigo. Aún ella no sabe que le entiendo, pero intuye que las plantas poseemos la gracia de oír y sentir, y es por eso que se ha entregado a la tarea de cuidarme. Al llegar la anuncian los rechinidos de las bisagras oxidadas de la puerta. Y trae consigo siempre dos baldes henchidos de agua que vierte a mi pie. Luego sacude con un plumero la capa de polvo que me cubre, o clava por todas partes del muro alcayatas a las que amarra y entreteje cordones por lo que voy trepando.

(4)
Dominga es la única que me visita y que me da de beber; pues, desde que todos se fueron nadie quiere venir a verme. Y fue en uno de los soliloquios de Dominga que me enteré que Joaquín había quedado baldado y que ahora lo traen en silla de ruedas. ¡Pobre Joaquín!, si no hubiese intentado sujetarme en el momento en que resbalamos de la rama de aquel árbol, hoy estuviese sano, y quizá hubiera llegado a ser muy feliz. Pero ninguno de los dos adivinaba que nuestros fatales destinos llegarían a tomar muy diferentes veredas.

(5)
La última vez que nos vimos fue la mañana en que vino a despedirse de mí. Traía puesto el traje azul marino con el que lo habían llevado a recibir la primera comunión. Por esa fecha yo debería haber cumplido diez años y él doce. Me acuerdo que Joaquín me observaba demasiado compungido, aferrado a sus muletas. Parecía estar pensando en el niño que, por querer aprisonar entre sus manos un graciosos picaflor, se precipitó al vacío rompiéndose la cabeza sobre las afiladas aristas de las piedras.

(6)
Digo que noté muy apesadumbrado a Joaquín porque nos conocíamos muy bien. Su rostro reflejaba la larga y tormentosa aflicción del que ha logrado llenar con las arenas del hastío el llano inconsolable de su alma. Yo sí he llegado a resignarme y hasta le he encontrado el sentido a mi actual existencia. Creo que todo es cuestión de acostumbrarse. Los primeros años sí que fueron difíciles y amargos. Y más aún todavía cuando trataba en vano de esclarecer por qué nunca se dieron cuenta que no me encontraba del todo muerto la noche aquella cuando en secreto me envolvieron en un costal y me sepultaron en la fosa que hoyaron a la cepa del ahuehuete. Yo bien que escuchaba cuánto lloraba mi tía Zenaida al mirarme tendido en el suelo con el cuajarón de sangre arracimado en mi nuca, y cómo después el tío Silvano ordenaba con palabras descompuestas por el dolor, que Nicolás cortara de tajo el pirul del que habíamos caído su hijo y yo.

(7)
Ese fue para mí un lapso de intensa y angustiosa desesperación, pues la agonía de mi cuerpo estaba sostenida en una pequeña inmovilidad latente apreciada tan sólo por mí, porque para todos, el cuerpecito flácido del sobrino huérfano había dejado de existir por seguir el vuelo zigzagueante y multicolor del ave que se remontaba hacia el cielo de las ramas vidriosas y tupidas de un árbol.

(8)
Desde entonces transcurrieron veinte años. Pero aún por las corrientes vertiginosas de la savia de mi memoria circula indeleble el recuerdo de la extraña y hormiguente sensación que sentí al momento que dentro de mi boca, iba germinando lentamente una diminuta semilla que había quedado incrustada debajo de mi lengua: la espiga que después enraizó entre los residuos pastosos de mi cerebro y la misma que fue embrollándose por la paredes de mi calavera hasta ir a brotar, ya en forma de tiernos retoñitos verdes, por los orificios en donde antes habían estado mis ojos. Y fue en el tránsito de un instante a otro, que dejé de ser el yo anterior y pasé a convertirme en el nuevo yo. Todo sucedió como cuando uno se muda de ropa, o como el cambio que padecen los insectos que al inicio de su vida son sólo unos gusanitos arrugados y de pronto dejan de serlo y se tranforman en las hermosas mariposas que pululan y adornan los prados.

(9)
Quizá algún día deba buscar la manera de decírselo a Dominga, de darle a saber que me encuentro en el vientre de esta maceta de barro, que mis hojas necesitan del cálido brillo del sol y del roce fresco de la lluvia. Y que tanta soledad llegará con el tiempo a marchitar mis tallos. Y que uno de mis sueños más preciados ha sido, como el ahuehuete que está plantado en el jardín, poder un día alcanzar las estrellas.

CHIMAL, Juan Carlos (1993). "Pequeño príncipe". El cuento, Revista de imaginación. México, García y Valadés Editores, tomo XXII, año XXVIII, enero-marzo, pp. 90-92

REACTIVOS
1. Dado el contexto del párrafo 4, ¿qué palabra sustituye adecuadamente a "baldado"?
a) Lisiado.
b) Atrofiado.
c) Anquilosado.
d) Imposibilitado.

2. ¿Quién es el narrador del cuento?
a) El ahuehuete.
b) El niño muerto.
c) Joaquín.
d) Dominga.

3. El niño se convirtió en:
a) un árbol.
b) una mariposa.
c) una planta.
d) un picaflor.

4. Ordene cronológicamente los distintos lugares en que ha estado la enredadera desde que es semilla.
1.El ahuehuete.   2. El muro de la casa.   3. La maceta de barro.   4. La calavera.  5. La boca del niño
a) 2, 3, 4, 5, 1
b) 2, 3, 5, 4, 1
c) 5, 3, 4, 1, 2
d) 5, 4, 1, 3, 2

5. Silvano es _______ de Joaquín.
a) tío.
b) primo.
c) padre.
d) hermano.

6. De acuerdo con el tiempo transcurrido entre el momento del accidente y el momento de la narración, ¿qué edad tendría el niño muerto?
a) 30 años.
b) 32 años.
c) 20 años.
d) 10 años.

7. ¿Cuál es la figura retórica de pensamiento que utiliza el autor para construir el texto?
a) Ironía.
b) Paradoja.
c) Comparación.
d) Personificación.

8. Cuando en el texto se afirma que el niño "no se encontraba del todo muerto" cuando lo sepultaron, la idea que se intenta transmitir es que:
a) la vida estaba latente en la semilla que había quedado en su boca.
b) el niño sólo estaba desmayado y podía oír todo lo que pasaba.
c) la savia de la vida corría todavía por sus venas.
d) el niño estaba vivo, pero no se podía mover.

9. Dominga platica con la enredadera porque:
a) sabe que es el niño.
b) intuye que las plantas oyen.
c) no quiere sentirse sola.
d) cree que la planta la entiende.

10. ¿Qué se describe en el párrafo 1 del texto?
a) Un personaje.
b) Un escenario.
c) El pensamiento.
d) El tiempo.

11. ¿Quién es el narrador del cuento?
a) El ahuehuete.
b) El niño muerto.
c) Joaquín.
d) Dominga.

12. ¿Qué se describe en el párrafo 1 del texto?
a) Un personaje.
b) Un escenario.
c) Un pensamiento.
d) El tiempo.

13. El texto anterior es:
a) lírica.
b) drama.
c) narrativa.
d) fábula.

14. El tipo de narrador es:
a) omnisciente.
b) testigo.
c) protagonista.
d) omnipresente.

NOTAS:

1. Visita el blog http://ceneval286.blogspot.com/ , en él encontrarás información de utilidad y resúmenes de las clases. Prepárate de manera adecuada para el examen.
2. El lunes 17 y el martes 18 de octubre iniciaremos curso. Comunícate con nosotros para mayores informes.
3. Con respecto del curso sabatino, aún puedes incorporate este sábado 15 de octubre, llama al 5539496921 para pedir informes, lamentablemente NO respondo mensajes de celular; o preséntate en Euzkaro 174-B Col. Industrial, Del. Gustavo A. Madero.
4. Si te interesan nuestras guías, puedes pedir informes al mismo número o acudir a la dirección arriba mencionada.

"La educación, camino único hacia el desarrollo"
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Prof. Jorge Mondragón